Actualmente Panamá presenta dos problemas importantes relacionados con la alimentación. Uno de ellos es el aumento de los casos de sobrepeso en el país, lo que se traduce en enfermedades crónicas no transmisibles, como la obesidad que generalmente va acompañada de hipertensión, diabetes, insuficiencia cardíaca e incluso cáncer y, por otra parte, el acceso a los alimentos de parte de los consumidores. Un informe presentado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) 2023 revela que en Panamá el 73% de los adultos padece de sobrepeso. Ante este problema de salud tan evidente, La Estrella de Panamá conversó con Rafael “Yayi” Carles, empresario, escritor, miembro fundador del Movimiento de Alimentación Saludable y especialista en estrategia de políticas alimentarias, sobre nutrición, un tema que no solo es importante en la etapa adulta, sino en todo el ciclo de la vida. Según Carles, su estilo de vida cambió en 1997 cuando entró a laborar en la recién creada Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (Cliclac), y le abrió un sinnúmero de puertas. Pero, fue en 2005 cuando funda su proyecto Life Blends y desde allí “me lanzo en el campo de la alimentación saludable como empresario, consultor de nutrición y asesor en salud pública”. Hoy, Carles nos comparte sobre la importancia y cuáles son los desafíos que enfrenta la población y las posibles soluciones para una vida más saludable.
¿Cómo se involucró por primera vez en temas de nutrición?
Mi tesis de universidad fue sobre la química molecular de vitaminas y enzimas, por lo que tengo una vasta experiencia en bioquímica. Mi primer trabajo fue en el Laboratorio de Química Analítica del Departamento de Toxicología de la Facultad de Medicina en la Universidad de Panamá, donde operaba los instrumentos de laboratorio que monitoreaban muestras de sangre y orina para pruebas de detección de vitaminas y enzimas en pacientes de la Caja de Seguro Social. También allí serví de asistente de laboratorio a los profesores de la Facultad de Odontología en las clases de química orgánica. Eso fue en 1980, al tiempo que el dos veces ganador del premio Nobel Linus Pauling publicaba su libro La vitamina C y el resfriado común. Igualmente en esa época, Frances Moore Lappé publicaba su libro Dieta para un planeta pequeño, y Michael Jacobson lanzaba su libro Food for People, Not for Profit. Desde entonces la nutrición comenzó a ser parte de mí y además tuve curiosidad por saber si había alguna ciencia detrás de todo esto. Comencé a leer libros y aprender, y pronto descubrí que hay mucha ciencia en estos temas. Lamentablemente, unos meses después me ofrecieron un buen trabajo en la industria petroquímica y me mudé a Aguadulce, en la provincia de Coclé, donde mi carrera profesional dio un giro en enfoque. Porque si bien la bioquímica me seguía despertando curiosidad, por los siguientes casi veinte años puse la parte nutricional de mí en modo de hibernación. Era solo cuestión de tiempo que algún día regresaría a coquetear con la nutrición y los aspectos químicos de esta ciencia.

Después de dejar la industria química en 1997, acepté la invitación de presidente Pérez Balladares de ocupar un cargo en la recién creada Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (Cliclac). Allí aprendí sobre leyes, reglamentos y normas de una amplia gama de industrias, incluyendo la industria alimentaria. Y, sin duda, mis conocimientos previos en química fueron fundamentales para mis nuevas responsabilidades. Al codearme con empresarios, industriales, académicos y funcionarios de diversas especialidades en temas de canasta básica, pude ayudar a crear un nuevo marco de información para alimentos y productos relacionados. Por ejemplo, la implementación del concepto de fecha de vencimiento fue una de las tantas novedades que se introdujeron en ese primer año.
Los cuatro años como comisionado de la Cliclac me abrieron un sinnúmero de puertas. Una fue la del periodismo, y debo reconocer que me cambió la vida. Desde entonces escribo y tengo mis columnas. En 2002 publiqué mi primer libro y eso me permitió entrar en un grupo selecto que he aprovechado para hacer docencia. Luego en 2005 fundo mi proyecto Life Blends y desde allí me lanzo en el campo de la alimentación saludable como empresario, consultor de nutrición y asesor en salud pública. Y desde esta perspectiva comencé a realizar activismo para promover hábitos de consumo saludable dentro de los mismos gremios empresariales e industriales. Mi primer proyecto de ley fue para impulsar comida saludable en cafeterías y quioscos escolares. Mi primera ley fue la Ley 75 de 2017 que crea los parámetros de hábitos saludables en escuelas. En 2020, en medio de la pandemia, ayudé a crear el Movimiento de Alimentación Saludable, donde actualmente soy miembro y me especializo en estrategia de políticas alimentarias.
La más importante es que vengo de la industria y la conozco como la palma de mi mano. Y me preocupa cada vez más el daño que causa a la salud cuando empresas fabrican productos que contaminan y enferman a las personas. Como miembro de varias organizaciones, gremios y juntas directivas, me avergüenza el hecho de que la industria se está quedando sin excusas y cada vez tiene menos credibilidad. Ese aspecto de señalarlos directamente y viéndolos a los ojos es algo que muy pocos tienen la capacidad y valentía.
Además de escribir las tres columnas semanales en mi blog lifeblends.net, La Estrella de Panamá y En Segundos, todavía estoy full en las funciones gerenciales de Life Blends. Tengo un par de cuentas de clientes que asesoro en materia de estrategia organizacional y apoyo en aspectos comunicacionales. Es decir, estoy oficialmente jubilado pero muy lejos de estar retirado. Actualmente tengo dos proyectos de libros andando, uno para escribir mis memorias y el otro para publicar mis artículos más influyentes en los últimos años. También tengo caminando la Fundación del Movimiento de Alimentación Saludable para promover actividades puntuales de sensibilización y educación a la población sobre temas de nutrición y alimentación.
Recientemente le entregué a cada uno de los candidatos presidenciales una propuesta para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional del país, entre las que recomiendo la construcción de un huerto en cada una de las 3.000 escuelas del país. Eso costaría $3 millones, una cifra que es menos del 10% de la partida discrecional del presidente de la República y le puede cambiar la vida al 90% de la población nacional. Igualmente estoy dándole seguimiento al proyecto de ley que le redacté hace dos años a la diputada Mayín Correa para la eliminación de grasas trans y la reducción de sodio en las dietas. Igualmente, como miembro de la Comisión para el Mejoramiento de la Salud, estoy procurando aumentar el impuesto de las sodas y crear nuevos impuestos para los alimentos ultraprocesados y comida chatarra. Y finalmente, en consulta con algunos diputados que se me han acercado, vamos a presentar el próximo año un anteproyecto para promover menús de comida saludable en restaurantes.
Siempre he pensado que el problema más desafiante en nutrición es determinar qué come realmente la gente. Todos sabemos sobre la relación de la comida con el riesgo de enfermedades crónicas. Es nuestra responsabilidad comenzar a formular preguntas de investigación y diseñar estudios para responder inquietudes sobre la dieta y la salud. Ese es el desafío intelectual. El desafío práctico es la necesidad de una financiación totalmente independiente. Los recursos para la investigación en nutrición son limitados y los recortes presupuestarios a nivel ministerial hacen que la necesidad sea más crítica. Sin financiación independiente, la agenda de investigación en nutrición se inclina a favor de proyectos que la industria de alimentos puede utilizar para mercadeo. Con lo cual, el gran desafío es poder encontrar mecanismos para definir patrones dietéticos que promuevan la salud, descubrir formas de proporcionar dietas saludables a las personas que carecen de recursos e identificar enfoques dietéticos eficaces para prevenir enfermedades no transmisibles.
La nutrición es una asignatura que necesita urgentemente de científicos bien capacitados que puedan abordar los complejos temas biológicos, sociales y políticos relacionados con la producción y distribución de alimentos. Se trata de temas difíciles de abordar y necesitan toda la ayuda que puedan obtener. Por eso estoy planeando traer a Panamá un proyecto llamado “Los niños se comen el futuro”, en el cual las clases de matemáticas, español y ciencias se dictan en torno a la nutrición y conocimientos de agricultura y cocina. Es un proyecto que en España ya ha dado muy buenos resultados y donde la principal tarea es lograr un mecanismo de financiación que incluya el adiestramiento de maestros y la preparación de libros y materiales. Igualmente, a través de la fundación estoy haciendo acercamiento con las autoridades municipales para que incluyan en sus presupuestos locales la construcción de huertos comunitarios y usando dinero de descentralización que bien manejado puede dar resultados muy favorables al bienestar de los residentes de cada comunidad. El día en que cada persona sepa cómo sembrar y cosechar una hoja de lechuga o espinaca, ese día reconocerá el milagro de la vida y sabrá reconocer el valor de nuestros agricultores.
Fuente: Peródico Online – La Estrella de Panamá. https://www.laestrella.com.pa/cafe-estrella/cultura/231014/rafael-carles-gran-problema-determinar
]]>La Estrella de Panamá conversó con Bethy Cruzado, directora del Movimiento Panamá Saludable (MAS) sobre el tema.
Cruzado defiende que la mala alimentación y la “nula educación” que se imparte en los hogares desde la edad infantil, son los detonantes para la obesidad en Panamá, problema que “va en curva ascendente”.
Agregó que en el país existe la Ley 75 y Resolución 049 que apoya la alimentación escolar y regulación de quioscos escolares, al igual que la Ley 114 de impuesto a bebidas azucaradas. “Aún así nos falta una ley que vele por impartirle al consumidor información correcta en cuanto a una alimentación adecuada, una ley de etiquetado frontal de advertencia nutricional que abarque la regulación de publicidad dirigida a niños y la ley de eliminación de grasas trans en los productos”.
“Sería algo positivo crear un subsidio para nuestros pequeños productores, en el que las frutas y vegetales estén a precios más competentes en el mercado, crear más ferias de venta de productos frescos en todo Panamá, crear consciencia en las escuelas sobre la buena alimentación y generar menús a precios económicos”.
El diario interrogó a la directora del MAS sobre qué tan cierto es que lo socioeconómico afecta o empeora la obesidad. A esto respondió que dentro del MAS se han hecho menús saludables para familias que ganan $500.00 mensuales y son cinco miembros en la misma.
“Dejemos de lado la idea que comer saludable es para gente pudiente. La canasta básica posee alternativas para crear menús económicos y saludables que nutran a la población. Es importante también someternos a buenas prácticas, como preparar y cultivar alimentos y condimentos básicos como el culantro, apio, tomate, ají, cúrcuma y tomate. Con estos productos en casa no solo disminuimos costos, sino que inyectamos salud a nuestras vidas”.
Fuente: Periódico Online – La Estrella de Panamá. https://www.laestrella.com.pa/cafe-estrella/cultura/231014/obesidad-epidemia-silenciosa-afecta-salud
]]>Durante el evento, el MAS brindó su apoyo y recomendaciones al plan, asi como opiniones y estrategías que quedaron plasmadas en las hojas de ruta desarrolladas en las mesas de trabajo.



El MAS, preocupado por este problema de salud pública, decidió coadyuvar con las escuelas y crear un plan para mejorar la salud nutricional de los niños, el cual está respaldado por políticas del MINSA y el MEDUCA (Ley N°75/2017 y Decreto N°049/2018).
Una Feria Escolar de Prevención de la Obesidad, en la Escuela de Colombia, durante la cual se promovió la ingesta de alimentos saludables entre los niños, maestros, directores y padres de familia, realizada el 14 de septiembre por el Movimiento de Alimentación Saludable de Panamá (MAS).
Es la primera Feria de este tipo que se realiza en una escuela pública en San Miguelito y pronto servirá como instancia para impulsarla en los otros centros educativos del país, tanto públicos como privados.
La población escolar en Panamá refleja tasas preocupantes de predisposición al sobrepeso y la obesidad, más del 38% según el último Censo de Salud 2019, lo cual acarrea graves dificultades relacionadas con enfermedades crónicas como problemas cardiovasculares, hipertensión, diabetes, enfermedades renales, respiratorias y cáncer de distintos tipos.



El estudio comparó la eficacia de los sellos octagonales de advertencia (ADV, por su sigla en inglés) propuestos por el Consejo de Ministros de Salud de Centroamérica y República Dominicana (COMISCA)
para adoptarlos en Centroamérica y en un proyecto de ley en Panamá, el sistema semáforo (SEM) y el
sistema de cantidades diarias orientativas (GDA, por su sigla en inglés) con un grupo de control sin EPFE
(CTR), así como la eficacia de los sistemas mencionados entre sí.

En el estudio participaron 1200 personas reclutadas en 31 supermercados populares de Panamá, con diversa situación socioeconómica y educacional, género y edad. Se incluyeron únicamente adultos mayores de 18 años residentes en el país que hubieran comprado algún alimento o bebida no alcohólica y supieran leer.
Los participantes dieron su consentimiento informado y se los distribuyó aleatoriamente en cuatro grupos: un grupo de control, que evaluó las imágenes sin etiquetado nutricional frontal, y tres grupos experimentales, que evaluaron las imágenes de productos con uno de los tres sistemas de EPFE (GDA, ADV y SEM). Se les presentaron series de imágenes de productos y se les pidió que respondieran diversas preguntas. Las entrevistas se realizaron en mayo del 2022 en las provincias de Chiriquí, Coclé, Colón, Herrera, Los Santos, Panamá y Veraguas, tanto entre semana como fines de semana.
Los sistemas de EPFE se aplicaron a imágenes de productos ficticios (alimentos y bebidas no alcohólicas) presentadas a los participantes en orden aleatorio. Estos respondieron: 1) qué productos comprarían, 2) qué productos eran los menos nocivos para la salud y 3) si los productos contenían cantidades de nutrientes críticos superiores a las recomendadas para una alimentación saludable.

Los consumidores que vieron productos con el sistema de sellos octagonales de advertencia obtuvieron mejores resultados sobre la intención de compra, sobre la correcta identificación del producto menos nocivo y sobre la presencia de un exceso de nutrientes críticos en los productos.
La figura 4 ilustra la mejora proporcional que los sistemas de EPFE pueden, o no, generar sobre la intención de compra y la correcta identificación de productos menos nocivos para la salud, en comparación con el grupo de control y con el sistema de mejor desempeño (es decir, advertencias).
Las figuras muestran que el sistema de advertencias es superior tanto para identificar correctamente el producto menos nocivo (652%) como para la intención de comprar el producto menos nocivo (112%) cuando se comparan los sistemas con el grupo de control.
Las líneas celestes representan la ventaja estadísticamente significativa del sistema de advertencias cuando se comparan las advertencias con los demás sistemas.

Los resultados agregan más hallazgos al conjunto de evidencia y experiencias acumuladas en el último decenio y demuestran la eficacia de los sellos octagonales de advertencia para mejorar la capacidad de los consumidores de tomar decisiones de compra fundamentadas y más saludables.
Los consumidores asignados al grupo del sistema de sellos octagonales de advertencia tomaron las mejores decisiones: eligieron con mayor frecuencia comprar los productos alimentarios menos nocivos para la salud e identificaron correctamente con mayor frecuencia los productos menos nocivos y la presencia de un exceso de nutrientes críticos.
Los consumidores a los que se expuso a los sellos octagonales de advertencia presentaron una mayor
probabilidad de identificar correctamente cuándo los productos contenían cantidades excesivas de azúcares, sodio, grasas, grasas saturadas o grasas trans, de identificar correctamente la opción menos nociva para la salud y de elegir comprar la opción menos nociva para la salud.
Los resultados de este estudio confirman la conclusión de que el sistema de etiquetado frontal de advertencias octagonales, incluido en las propuestas de legislación panameña y centroamericana, es el más efectivo y constituye la mejor opción para la población. Además, orienta la toma de decisiones en políticas públicas dirigidas a establecer ambientes alimentarios más saludables y a prevenir las enfermedades no transmisibles asociadas a la mala alimentación.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) agradece las contribuciones realizadas por Leon Ramon Leal Correa (Fundación Movimiento de Alimentación Saludable, Panamá); Bethy Cruzado (OPS y Fundación Movimiento de Alimentación Saludable, Panamá); Danilo Pérez (Centro para la Defensa del Consumidor, El Salvador); Gastón Ares (Universidad de la República, Uruguay); Carlos Felipe Urquizar Rojas (Universidad de Paraná, Brasil); Israel Rios (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura); Elka Gonzalez, Fabio da Silva Gomes y Jorge Victoria (OPS).
La OPS agradece también el apoyo de Resolve to Save Lives, y de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
Ver el estudio completo en: https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/56323/OPSNMHRF220026_spa.pdf?sequence=1&isAllowed=y
]]>
El nutricionista Oscar Aizprúa explicó que “es una hortaliza con un alto contenido de agua (94%), y contiene vitamina C, potasio, calcio, magnesio, fósforo y sodio. Esta hortaliza por su alto contenido de vitaminas y minerales provee beneficios para el cuidado del corazón. Tiene propiedades diuréticas, antinflamatorias, mejoran el sistema inmune y además aporta fibra que ayuda a mantener sano el tracto intestinal”.
También resaltó que es una de las “hortalizas que más se deberían consumir según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que sus nutrientes han demostrado ayudar a prevenir ciertas enfermedades neurodegenerativas crónicas como el Alzheimer, también se ha demostrado que reduce el riesgo de padecer algunos tipos de cáncer como los de: estómago, colon, páncreas y próstata”.
Por último, indicó que consumo en una dieta balanceada es importante para “evitar enfermedades coronarias como la hipertensión y enfermedades respiratorias. Además es un alimento efectivo que reduce la pérdida de masa muscular relacionada con la edad”.
Ver noticia completa en: https://www.metrolibre.com/nacionales/237510-el-chayote-y-sus-grandes-beneficios.html
Nota escrita por:
Gina Arias Rivera
Garias@metrolibre.com
Instagram: riverarias92
Twitter: riverarias92





También el MAS ha realizado otras giras para escoger comunidades que necesiten de huertos familiares.



Otra comunidad visitada fue la de Villa Cárdenas, donde también se contó con la participación de la Parroquia San Juan María Vianney de las Cumbres, para el desarrollo de huertos familiares y comunitarios. Agradecemos a la parroquia y a la comunidad por su atención.


Se hizo entrega de un huerto familiar a una de nuestras ganadoras del concurso, la jóven Adelaida. Quien vive en la Chorrera, urbanización Altos de Las Praderas, gracias por participar.

El MAS también a realizado monitoreo de ciertas comunidades, y se han encontrado algunos problemas, por ejemplo en el área de Ocú, se pudieron ver muchas anomalías en la producción como: erosión del suelo por malas prácticas y falta de una buena disposición de los envases de agrotóxicos.



Miembros del Movimiento de Alimentación Saludable, realizaron la entrega de donaciones a familias de escasos reecursos en la comunidad de Villa Esperanza, donde se brindaron alimentos secos, insumos, juguetes y ropa.

En la actividad también se brindó educación nutricional a las personas de la comunidad, donde se explicó la distribución de los grupos de alimentos según el plato de alimentos de Panamá, se brindaron consejos sobre como mantener una buena alimentación y estilos de vida saludables, se resolvieron dudas e inquietudes relacionadas con la nutrición.
Además se incentivó a las personas a preferir los alimentos naturales y frescos y evitar los productos procesados y ultraprocesados.

Por último, se realizó un recorrido por la comunidad donde se acordó un espacio para realizar un huerto familiar, con el propósito de que las familias pudieran aprender a producir sus propios alimentos y tener una mejor sostenibilidad alimentaria.


El Movimiento de Alimentación Saludable, le da las gracias a los miembros que aportaron con sus donaciones y en especial al Banco de Alimentos de Panamá, quien fue la institución que nos colaboró con todos alimentos y líquidos para brindar a la comunidad.

Además logramos incluir al movimiento a más de 30 jóvenes rurales, ya que se necesita un buen relevo generacional para seguir impulsando el sector agropecuario.
En la feria también se contó con la participación del Viceministro de Asuntos Agropecuarios, Carlo Rognoni Arias.









