Todo lo que estamos viendo y escuchando de parte la industria de alimentos, es un claro ejemplo de la miserableza humana, del egoísmo empresarial, de la codicia corporativa, y de lo que es capaz de hacer el ser humano para obtener sus propios beneficios a costa de la salud de los demás.
Por eso les digo que en el fondo, no se está viendo el asunto de la manera correcta. Aquí se ha dicho que el etiquetado de advertencia nutricional traerá costos adicionales a la industria y precios más altos a los consumidores. Sin embargo, lo fundamental aquí es que dirijamos la discusión, no sólo para promover un etiquetado de advertencia, sino para hacer menos accesible la venta de estos productos.
En una sociedad que de verdad se preocupe por el bienestar colectivo de su población, productos con estas características de alto contenido de sal, alto contenido de grasas saturadas y alto contenido de azúcares sintéticas, jamás se deberían vender.
Si nosotros llevaremos estos productos ante un verdadero tribunal de nutrición, donde se analice lo que ocurre en los laboratorios de estas industrias, donde se evalúen las fórmulas químicas que utilizan y los desarrollos de investigación que realizan, y se comprendan las pretensiones detrás de cada una de estos inventos, nos daríamos cuenta que ninguno de estos productos pasa las mínimas pruebas de nutrición.
Pudieran pasar otras pruebas, como la de costo- beneficio, pérdida y ganancias, “bottom line” y “market share”. Pero una verdadera y real prueba de nutrición, ninguno de estos productos cumple con lo mínimo para ser considerado como un alimento.
En consecuencia, la verdadera razón y el verdadero propósito de esta ley debería ser la de hacer menos accesible estos productos. Y si esto no es posible, entonces hacer que de verdad les cueste más producirlos y venderlos.
En ese sentido, propongo a los señores comisionados que consideren, además del etiquetado de advertencia con todas las formas geométricas y colores que bien quieran considerar, una iniciativa de crear un impuesto para estos productos de forma de que cada día sean menos accesibles y más costosos, y los dineros provenientes del impuesto sean utilizados para campañas de educación y medidas de prevención de salud.
Porque aquí no solamente es importante informar a los consumidores y advertir sobre el daño que causan estos productos, sino de hacer todo lo posible para que el consumidor no los compre tan fácilmente. Porque cada vez que se consumen, se crean hábitos de por vida, precisamente porque han sido diseñados para que no se pueda consumir normalmente, sino que producen adicción y se consumen compulsivamente.
La clave entonces de esta ley será en hacer que estos productos dañinos cuesten más y sean menos accesibles. No es que solamente tengan etiquetas de advertencia. Tampoco que tengan un impuesto de 20 o 30 por ciento. Lo que verdaderamente se debe procurar es legislar para que estos productos no se produzcan y eventualmente salgan del mercado. Ese sería el verdadero objetivo de una ley que busca promover salud y evitar muertes innecesarias.
Si ustedes agarran la etiqueta de uno de estos productos, se darán cuenta que no hay nada nutritivo, nada natural. Hagan la prueba. Contienen solamente sustancias químicas, aditivos sintéticos, productos sintetizados en industrias. Todo es artificial. Todo es antinatural. Todo está ultraprocesado. No existe un solo producto ultraprocesado que sea un alimento saludable. Hay productos procesados buenos, pero ultraprocesados, ninguno!
Entonces, frente al hecho de que los representantes de la industrial, importadores y comerciantes se apoyan en una ridícula idea de un etiquetado electrónico, que ni ellos ni nada leerá, definitivamente una recomendación ridícula, absurda y miserable.
Por eso, desde este micrófono y desde esta plataforma, con la responsabilidad y seriedad que el momento nos obliga, le recomiendo a esta sala y a los honorables comisionados que enrumben la dirección de la discusión de esta comisión, que tenga en cuenta las aristas fundamentales de esta problemática y no tengan miedo de incorporar en el proyecto de ley, no solamente el etiquetado de advertencia para informar al consumidor sobre la peligrosidad de estos productos, sino que se imponga un impuesto significativo para que cada día sean menos accesibles y más costosos. Igual como se hizo en su momento con los productos del tabaco. Igual como que hace actualmente con los cigarrillos y otras cosas que todas sociedades valoran como peligrosas y contribuyen a aumentar la enorme carga de costos en salud que hoy asfixian nuestros presupuestos y mantienen endeudado nuestro país.
Rafael Carles
Life Blends
